La música que necesito (y la que no necesito)

Actualizado: 28 oct 2021

Seguramente alguna vez has leído u oído hablar del “poder sanador” de la música.

Seguramente alguna vez, experimentaste ese poder sanador.


Tal vez sientas y sepas que determinada música te activa y te renueva las ganas de encarar el día y otra te relaja y te ayuda a descansar. Puede ser que otras músicas te hagan recordar a personas o situaciones.


Desde hace mucho tiempo, los humanos conocemos ese poder que ha formado parte de las prácticas terapéuticas ancestrales. Con el "nacimiento" de la Musicoterapia en el sXX su cuerpo de conocimientos, investigación, escuelas y métodos han llevado esta disciplina a transformarse en un recurso terapéutico válido y a integrarse a las instituciones de salud y a la consulta privada. En años recientes, gracias a las Neurociencias y la posibilidad tecnológica de monitorear la actividad cerebral con estímulos musicales, hemos podido entender mucho más acerca de la influencia notable que tiene el sonido y la música en nuestro cerebro.

Desde hace tiempo estoy atento a los diversos aspectos de ese poder sanador que tiene la música (y el sonido), pues lo he experimentado muchas veces en mí mismo. He aprendido que influye en el desarrollo cognitivo, en los ritmos de nuestro cuerpo (cardíaco, respiratorio, frecuencia cerebral…) en la memoria, la atención, la socialización, comunicación y la escucha (que es el punto donde hoy quiero ir hoy), son solo algunos de los beneficios.