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Historias de (en) CALMA - Parte 2

Hola, aquí estoy para continuar con las historias de Calma.

Si no leíste la Parte 1 puedes seguir el link aquí:

Enlace a la Parte 1

Ah! Y se me dejas tus comentarios me das una alegría

 

El día que llamé…..y fui.

El amigo que me invita a grabar en su pequeño estudio, al lado del parrillero del fondo de su casa en Shangrilá (Ciudad de la Costa), 

es Hugo Jasa a quién había conocido muchos años antes y habíamos sido colegas en la música publicitaria (nunca me gustó la frase: “son la competencia” , yo no competía con nadie y él tampoco, solo que yo jugaba el juego hasta que me aburrí). 

 

Hugo, gran músico y productor con vasta experiencia, conocimiento y sobre todo una gigante amabilidad y generosidad, me presenta a su hijo Lolo que estaba emergiendo como técnico de audio y en sus manos y con la atenta escucha de Hugo comencé a grabar.

¿A ver que sale?

Comencé a grabar mi versión del Príncipe azul que lleva en total 3 guitarras: la solista y 2 al final solo con la idea de que cambie el “color” del sonido duplicando la melodía y haciendo un “voicing” sencillo.

Creo que ese mismo día grabé el País de las maravillas (dos canciones de la época de “Canciones…” que - como mencioné antes - fué una experiencia muy importante en mi vida) y Negrita Martina

 

Algún día después, grabé/probé un arreglo de El viento en la cara , de Fernando Cabrera que de forma casi inmediata descarté pues no había sabido resolver el arreglo de una manera que me conformara. Grabé Biromes y Servilletas a dos guitarras, grabando base y luego la melodía. 

 

5 temas: 4 sobrevivían y uno que descartaba en 2 sesiones cortas de grabación, sin editar nada…buen promedio…bien!

 

De todas formas tendríamos una interrupción en las sesiones de grabación pues estábamos a fin de año, el verano y las sagradas vacaciones.

 

Hugo y Lolo me graban un cd con los 4 temas grabados “para que escuches en tu casa y ver qué te parece”.

 

Abrazos de despedida, gracias y “felices vacaciones”(2010).

Los 4 temas sanadores

 

Me fui a casa con el cd, lo puse una vez, dos veces……..puse el audio en “repeat” y a medida que iba escuchando……me emocionaba.

La emoción, lejos de diluirse, crecía. 

No podía parar de escuchar y eso duró días.

 

Entonces entendí y sentí que allí, “había algo que valía el esfuerzo y la atención” (como antes con los cuencos) y que además había podido soltar la “autoexigencia paralizante” fomentada por las posturas puristas y perfeccionistas de la escuela clásica. 

 

Esas interpretaciones contenían varios “fallos” técnicos, varios ruidos de cuerdas mal pisadas con los dedos, que son imperdonables en un contexto académico, pero ¿sabes qué?:

 

no me importaba, pues sentí que allí había “alma y emoción” y que soy un músico humano, que también fallo  y no soy perfecto.

 

Es más: esa “liberación” interna me ayudó a concebir el resto, aunque en ese momento no tenía el propósito de  “editar un disco”, sino que estaba disfrutando el “viaje de reencuentro con mi guitarra y la música que amo de mi historia musical”. 

 

Me estaba reencontrando desde el lugar de hacer, soltar, de la entrega, la emoción y el corazón, no pensaba en términos “edito un disco, toco conciertos, salgo en la tele”….nada que ver.

 

Por esa razón esos cuatro temas (que podrían haber sido otros) sanaron una parte interna y profunda de mí y me pusieron en sintonía con mi propósito en la vida y con mi autoestima y confianza.

El día de éxito total

Retomamos las grabaciones luego de las vacaciones , yo había preparado más temas y estaba cada vez más entusiasmado. 

Me surgían muchas ideas y logré no perder el foco con asuntos cotidianos (asunto muy importante).

El “repertorio” fue apareciendo solo, las canciones se “prestaban”, se “entregaban” ante mí y todas ellas las elegía con el “corazón”. 

Forman parte de una parte de mi historia musical y de vida y así las elegí.

 

Un día alguien me dice que si grabo algunas más tengo un disco completo y en ese momento me di cuenta que “tenía casi un disco”. 

Fonam me apoyó para financiar las grabaciones, le propuse a Mauricio Ubal para editar por el sello Ayuí, y todo fluyó.

 

Me faltaba un tema para redondear el disco y apareció La edad del cielo de Drexler que entre muchas cosas significativas en su letra dice “….Calma, todo está en calma…” y allí apareció el título del disco.

 

Una imagen de tapa que trasmitiera calma, diseño minimalista, edición de audio casi sin modificar nada, un “color” de sonido sin efectos (“como si estuviera tocando al lado del oyente”), el orden de los temas tal cual como se fueron grabando y comentarios de vivencias personales sobre las canciones.

Un disco bien “orgánico” sin “maquillajes”.

 

El día que entregué el “master” fue el día - hasta entonces - de mayor éxito para mí.

Había logrado producir algo por primera vez como solista, que me emocionaba, que sintetizaba todos mis años anteriores en la música y que, creía yo, aportaba algo a la cultura de mi país. 

 

Allí estaban mis años de estudios y conciertos de guitarra clásica, las grandes experiencias de música popular, los años de producir y grabar y conocer la tecnología, los cuencos tibetanos y un concepto diferente de la música y el sonido. Todo estaba allí.

 

Ese día fue un día de total éxito y entregué el master sin esperar ningún resultado posterior.

Lo que no sabía, lo que no esperaba, lo que no podía imaginar, fué todo lo que sucedió después, cuando Calma comenzó a circular y las personas comenzaron a escucharlo y a escribirme y contarme las increíbles historias generadas a partir de su escucha.

 

En la Parte 3 compartiré algunas de esas historias, que demuestran lo importante y fundamental que es la música para todos nosotros.

 

Verás.  Que pronto llegará el día 

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Comentarios: 3
  • #1

    Knishmilanga (domingo, 10 noviembre 2019 23:56)

    Qué lindo Amigo!!!! Escucharte y leerte... Privilegio que tenemos algunos. Por aquí en la Ciudad de La Furia viene muy bien.... Te abrazo!!!!

  • #2

    Oscar Emilio Mendoza (lunes, 11 noviembre 2019 20:24)

    Al leerte aprendo cada vez más y repito la lectura.
    Que importante que nos cuentes sobre la autoexigencia en el arte y de su propio descubrimiento en el proseso personal.
    Me ayudas mucho y a todos los artistas. Y a todo aquel que te escucha y lee.
    Abrazo coterráneo.

  • #3

    Rosario Espínola (martes, 12 noviembre 2019 13:45)

    Yo te descubrí durante un maravilloso concierto/meditación que se llevó a cabo en el Planetario. Encendieron el cielo estrellado y sonaron los cuencos tibetanos. Logré un estado de calma total. Me gustaría que recordaras ese acontecimiento. A partir de allí te seguí: asistí a varios conciertos y Calma es mi musica de fondo en mi casa. Abrazo cibernético!