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Historias de (en) Calma. Parte 1

10 AÑOS

El próximo diciembre (2019) se cumplen 10 años de la “gestación” de CALMA y 9 años de su “nacimiento”. 

Muchas personas, estudiantes y colegas me preguntan (y se preguntan) acerca de ¨como se me ocurrió” versionar, arreglar, esas canciones uruguayas en guitarra solista que - a la postre - resultaron en cd’s de “éxito” y con tantas increíbles historias asociadas. 

 

Historias  que iré compartiendo con uds en diferentes “Episodios”. 

 

Les aseguro que hay historias increíbles que , mas allá a que refieren a Calma y siguientes cd’s, hablan de lo poderosa que es la música y de nuestra necesidad vital de tenerla cerca, cultivarla y respetarla.

Antes de (la) Calma

Uno es su historia 

 

Mi historia previa (musical y personal, aunque es una sola) puede dar un referencia.

 

Estudio guitarra y música desde los 7 años.

Tengo formación y disciplina de estudios en guitarra clásica. 

He dado conciertos y ganado concursos y la razón por la que vine de Salto a Montevideo en 1977, fué “seguir la carrera de concertista clásico”. Cosa que no hice luego de 1979.

 

En ese 1978/79 tuve la suerte de integrar “Canciones para no dormir la Siesta”, “Rumbo”, luego “Las Tres” y trabajar y grabar con grandes artistas de Uruguay.

 

Años de aprendizajes y experiencias que quedaron profundamente grabadas en mí.

 

Luego fuí creador de La Mayor, el estudio de postproducción de audio para publicidad, rubro en el trabajé durante 15 años, donde aprendí muchísimo de producción, grabación. Supimos ser los primeros en Uy en tener un sistema de grabación digital en Mac. 

 

Imagínate lo mágico e increíble que fue VER el sonido de mi guitarra en pantalla, por primera vez en mi vida (antes utilizábamos solamente el sentido auditivo y no el visual). Esto fue hasta 2005. 

 

Luego algo ayudó a cambiar el rumbo de mi vida y mi profesión casi por completo.

El Sonido que ordena y crea la forma

Cuando comenzó el siglo 21, por primera vez, escuché el sonido de un Cuenco Tibetano de metal y ya nada fue igual para mí. 

 

Nunca había escuchado algo semejante a pesar de haber estado en contacto con casi todos los instrumentos conocidos. 

 

El sonido, su comportamiento, lo que generaba en mí y en los que escuchábamos. 

El estado mental al que “me llevaba”….

Estaba totalmente hipnotizado.

 

Siempre estuve interesado en los aspectos terapéuticos y sanadores de la música y el sonido, dado que siempre sentí que la música me había “rescatado” en diferentes etapas de mi vida.

Pero en aquel entonces era solo interés e intuición de que “allí había algo que merecía el esfuerzo de investigar”.

 

Comencé a buscar información en el incipiente y lento internet de entonces, me llevó largo tiempo y dedicación pues prácticamente no había nada en línea, hasta que encontré a un profe en Argentina, comencé a viajar y a aprender con él, hice otros talleres en Uy con otro facilitador y a leer todo lo que podía y encontraba, a traer libros. 

 

Lo que aprendí en esas clases nunca lo había visto en ninguna escuela, método o libro de estudio de música y me cambiaron para siempre mi concepción de la música y de lo que estaba haciendo musicalmente (y personalmente) hablando. 

 

La música como herramienta de desarrollo personal, como recurso para el bienestar. El sonido como ordenador de la materia y su influencia en todos los planos humanos. La música, el sonido y la física, las neurociencias, la psicología, la musicoterapia las terapias de sonido.

 

El instrumento musical y la voz como sagrados, no el sentido “esotérico volado” sino como generadores de movimiento, de emociones de expansión de consciencia. Además de su incidencia en quién lo genera (yo) y en quien lo recibe (escuchas).

La música y el reencuentro

Luego de dejar el estudio y la publicidad que ya no tenían “sentido” para mí, comencé a realizar encuentros, talleres y masajes sonoros con Cuencos Tibetanos. Veía los “ceños fruncidos” de incrédulos y desinformados amigos y colegas que opinaban “que me había vuelto místico” jajaja.

Comencé a viajar mucho a Brasil: San Pablo ,Río y Brasilia me esperaban para que, con mi portuñol improvisado, pudiera compartir el trabajo con los Cuencos.

Para ese entonces tenía mi guitarra bastante abandonada, hasta que un día, en un vuelo desde San Pablo, luego de escuchar un cd que habían regalado de MPBaby (música popular brasileña versionada para niños) me dí cuenta que en Uy nadie versionaba nuestra música, que no estábamos generando “literatura guitarrística instrumental” y entonces sentí mi “voz interna” que me decía: “y si agarras nuevamente la guitarra y ves que sale….”.

 Grabando en Shangrilá

Regresé y comencé a “jugar” con la guitarra y a reencontrarme con ella, a poner todo lo que había aprendido en años anteriores y sobre todo a “sentir”. 

 

Y un día me “dejé llevar” por el “Príncipe azul” , el “País de las maravillas” y “Negrita Martina”.

 

Y otro día me encuentro con un viejo amigo que tenía un estudio de grabación muy chiquito al lado del parrillero del fondo de su casa en Shangrilá y me invita a grabar mis “juegos”.

 

Y un día preparé 4 temas, lo llamé y fuí....

Esta historia continuará…….(y continúa jajaja)

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Comentarios: 2
  • #1

    Silvina Hernández (martes, 05 noviembre 2019 07:17)

    La primera vez que escuché una guitarra Calma fue en un relax de yoga en 2013,fue mágico ,sanador ,sentí algo que hasta ahora no puedo describir, gracias

  • #2

    Ximena Guerrero (martes, 05 noviembre 2019 11:23)

    Que linda historia Gustavo... aguardo el próximo capítulo a ver como sigue. A Calma lo conocí justo en una etapa de conectar con mi calma y paz interior, y desde entonces es la único que suena en Cerro Mistico junto a Más Calma y Simplemente. Gracias por compartir tu arte!!!